El jaguar

El rugido y el silencio del jaguar

Mariana Gutiérrez, espíritu en el mangle.


Los jaguares son uno de los felinos más representativos de nuestro país junto con el puma y el ocelote. En esta ocasión hablaremos sólo del jaguar, nombrado por los mayas como animal sagrado. Con ojos enormes en una cabeza muy grande, una cola larga y fuerte, y un pelaje lleno de manchas que representaba para muchos el cielo estrellado y la oscuridad.

Pelaje del jaguar.

Fotografía s.a., obtenida de WWF.

Son animales que saben estar en la sierra, entre ríos, y también nadan muy bien. Andan entre las raíces de los mangles, o escondidos entre la vegetación de los diferentes ecosistemas que habita, para poder acechar a sus presas y tomarlas desprevenidas. Además de que se les reconoce como grandes nadadores, quizá su mayor cualidad es el silencio. Sorprenden a sus presas y tienen éxito al cazarlas gracias a ese silencio. Silencio que le permite escuchar. Escucha que le permite confirmar las acciones que debe tomar para lograr su propósito: obtener alimento para ellos y sus crías. 

Y con sus crías, cuando hay peligro o necesidad de defender su territorio, aparece el rugido. Un sonido que establece la comunicación, y le da voz a lo que este animal quiere dar a entender, a sus crías o a quien esté queriéndole advertir de su presencia. Me gusta la imagen de las madres con sus crías, y cómo con un sonido se comunican tan claro. La comunicación que es la confirmación de que estamos conviviendo con el otro. La voz, nuestra primera interacción con el mundo cuando nacemos y gritamos, berreamos o lloramos. 

Pasamos de la oscuridad a la luz confiando en que el misterio que trae cada día la vida lo afrontamos con cada interacción que tenemos. En ese ir y venir de información, de situaciones, de voces y de lugares. 

La dualidad con la que vive este felino, trae a mi mente recuerdos preciosos de los sonidos en los bosques mesófilos de montaña y las selvas. Donde el día y la noche suenan distinto  por las diferentes cientos de especies de animales sonando su propia voz, como monos aulladores y muchas aves de día, o felinos e insectos en la noche.

Como hemos ido platicando, cada organismo cumple con un papel importante en los ecosistemas donde se encuentran. Los depredadores, como el jaguar, son importantes porque regulan naturalmente la cantidad de otros animales y al ser controlados estos animales, como en cadenita, se regula todo el ecosistema manteniéndolo sano y lleno de sonidos. Hay especies a las que llamamos especies sombrilla. A estas se les presta especial atención y se busca que sus poblaciones se encuentren en buen estado, ya que al protegerlas a ellas, protegemos a todos los que interactúan con ella. 

Se ha perdido una gran área del hábitat en el que encontrábamos a este “lindo gatito”, y por eso, la cacería y otros conflictos con los humanos, ha disminuido mucho su población. Deseo que nuestra voz y nuestras acciones protejan el silencio y el rugir de este animal y los lugares que habita.

Acercamiento al rostro de un jaguar.

Fotografía de Fernando Allen, obtenida de WWF.

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