La ardilla y la vaca

Las ardillas, la recolección y el salto

Mariana Gutiérrez, coleccionista de experiencias.

 

Las ardillas se caracterizan por ser animales muy ágiles. Tienen cuerpos esbeltos, patas con garras afiladas para trepar y una cola larga y poblada que usa de contrapeso y le da información sobre la posición de su cuerpo. Son roedores, lo que quiere decir que sus dientes incisivos nunca dejan de crecer y necesitan cosas duras para desgastarlos y tener siempre lista su herramienta.

Ardilla yucateca (Sciurus yucatanensis)
Fotografía por Luis Trinchan obtenida de iNaturalist.

Son recolectoras expertas, hacen una selección fina de las semillas maduras o de algunos brotes. Entierran pequeñas reservas en muchos lugares distintos, no ponen todo en el mismo lugar por si se les llega a olvidar o por si otro animal lo encuentra, no lo pierdan todo, aunque tienen muy buena memoria espacial y se orientan con los árboles u otros objetos alrededor. Sin embargo no regresan por todas las semillas que colectan, lo que hace que eventualmente, con la sombra, la temperatura y el agua, estas germinen y así se mantiene en constante regeneración el ecosistema.

Ardilla yucateca alimentándose
Fotografías por Alexpacheco y Jozef K. Richards obtenidas de iNaturalist.

De la misma forma que seleccionan lo que van a recolectar, son muy selectivas para los saltos que dan y aún así lo hacen sin dudar porque no ponen en duda sus habilidades. Así nosotros, que recolectamos experiencias, reunimos aprendizaje y juntamos fragmentos de nosotros mismos para luego digerir, quizá comprender y transformar o desechar.

Ardilla saltando
Fotografía s.a. obtenida de DepositPhotos.


Acumulamos claridad y energía interna para tener “combustible” para movernos, no por solo acumular. Es para sostener una vida más amplia, más amorosa, más conectada porque sabemos que eso que llevamos con nosotros o que decidimos guardar en algún rinconcito, luego se expandirá, brotará y dará vida, creará conexiones, crecimiento. Si la vaca nos ha ayudado a procesar las experiencias, pienso en la ardilla como aquella que nos permite evaluar y decidir lo que sostengo, a lo que le doy atención, lo que alimento y lo que quiero llevar conmigo para transformar. Preparar el salto desde la fuerza interior hacia la expansión del corazón.

 

--

Metabolizar como las vacas, dejar actuar nuestro fuego

Mariana Gutiérrez, cocinera alquimista.

 

Las vacas son animales que además de parecerme preciosas cuando son bebés, tienen una característica muy particular que las hace muy interesantes. Tienen un estómago dividido en cuatro partes (o cámaras) para facilitar el proceso de digestión y absorción de las plantas de las que se alimentan. En las tres primeras cámaras se fermenta la fibra vegetal con la ayuda de los microorganismos que viven ahí, y en la última parte, con las enzimas y ácidos gástricos del estómago “verdadero”, se extraen los nutrientes de manera mucho más sencilla a como sería sin la fermentación previa.

Al inicio las vacas parece que comen muy rápido. Meten todo a su boca y tragan sin
siquiera masticar, llega a la primera cámara donde entre bacterias y microbios fermentan la materia para luego regurgitar y ahora sí masticar. Después, en el tercer espacio las laminillas que conforman esa cámara absorben el agua y otras sustancias para finalmente pasar a la digestión con el ácido clorhídrico como la conocemos en los humanos.

Imagen que representa el recorrido de la comida desde que las vacas arrancan y meten por primera vez las plantas a su boca.

Tres “falsos estómagos”: 1.Rumen, 2.Retículo, 3.Omaso y el “verdadero”: 4.Abomaso.
Obtenida de AgroGlobal.
Esto sucede tanto en las vacas como en los otros animales rumiantes como las ovejas, las jirafas, los ciervos, y con los que sólo tienen tres cámaras como los camellos.

Ejemplos de animales rumiantes: alces, búfalos, antílopes, jirafas, camellos, renos, ciervos, vacas. Imagen de grabados s.a. obtenida de Dreamstime.

Dicho proceso me recuerda la importancia de dejar macerar las cosas. Que requerimos
tiempo para convertir algo crudo en algo nutritivo, porque no todo así como entra a nuestro sistema nos hace bien, simplemente no lo entendemos o aún no le hemos extraído todos los nutrientes, toda esa información que nos nutrirá y hace aprender y crecer. Para esa maceración, para extraer eso importante y poder discernir, requerimos de temperatura, del fuego de nuestra intención. Nuestro cuerpo en una danza entre la calma y el movimiento es la muestra de que necesitamos de la calma antes de actuar para no ir errantes por la vida, para no quemarnos o chocar con todo lo que queremos hacer y también para no quedarnos estancados. Ese movimiento, la fuerza que busca ir afuera, avanzar, la relaciono con el toro, la parte masculina de las vacas. Mucho más enérgicos, con decisión y dirección al momento de accionar.

Toro y vaca (Bos taurus). Macho y hembra de la raza Jersey .
Fotografías obtenidas de Agrocolanta y de Contextoganadero.

 

Un buen pan requiere de un tiempo de fermentación antes de ser puesto en el horno y también de un tiempo en el horno para que se infle y resulte esponjoso, rico y digerible para nosotros. Fotografía s.a. obtenida de Erre4m.

Así como metabolizamos los nutrientes de la comida que ingerimos, metabolizamos también las emociones que nos permiten actuar. La serpiente nos habla de la energía de las emociones y la creatividad ante nuestros deseos, la vaca nos habla del proceso de transformación de esa energía en acciones. Un proceso que para que surta efecto tiene que ser lento, sentido, consciente. Confiar en los tiempos de nuestro cuerpo. En ese fuego interno que sabe cuándo, cuándo está listo, cuándo es mejor movernos y cuándo necesitamos quietud para asimilar todo lo vivido.

 

Ilustración de portada: Elsa Sánchez

Regresar al blog