La armonía
La Armonía
Karen Dubovoy
La Armonía es la buena proporción entre las distintas partes, y entre las partes y el
todo. Es la combinación agradable y equilibrada de distintos elementos. Significa la unidad y la concordia. Hay armonía entre las personas, entre los amigos. Hay armonía en el cuerpo humano, donde cada una de las partes cumple una función específica para equilibrar el todo. Y también en la naturaleza, desde el pequeño ecosistema que se forma en un charco, hasta la gran selva tropical.
Hace alrededor de 2500 años, el filósofo griego Pitágoras hablaba de la Armonía de las
Esferas, refiriéndose a los cuerpos celestes: el Sol, la Luna y los planetas. Decía que los movimientos de estos cuerpos celestes seguían una proporción matemática que generaba una forma de música, a la que llamó Música Universal (Musica Universalis). El hombre no podía escuchar esa música, quizás porque su oido era imperfecto para algo tan grandioso, o porque lo había escuchado desde su nacimiento y se había acostumbrado a ella. Esta Música Universal reflejaba el orden y la belleza del cosmos.
Muchos siglos después, entre los años 1914 y 1916, el músico inglés Gustav Holst
compuso una obra titulada “Los Planetas”, inspirada en las características particulares
asociadas a cada planeta. Esta es una obra que consta de siete partes. Una de las más enérgicas es Júpiter, que muestra la majestuosidad de este impresionante planeta. Escucha: Gustav Holst, Los Planetas, IV Júpiter.

En la música, la Armonía es la combinación de dos o más notas. Cuando hacemos
sonar más de dos notas al mismo tiempo le llamamos un acorde. Hay notas que “se
quieren”, que suenan bien cuando las sonamos al mismo tiempo, y de ahí que se les
llame “acordes”, pues acordar significa estar de acuerdo, corresponder.
En nuestra escala musical, formamos un acorde cuando nos brincamos una nota, es
decir, nuestra escala es: DO-RE-MI-FA-SOL-LA-SI-DO
Para formar el acorde de DO, sonamos al mismo tiempo las notas DO-MI-SOL, esto es, nos estamos brincando RE y FA. Este es un acorde consonante. SI, en cambio, sonamos al mismo tiempo MI-FA, suena disonante.
Esto no es mera coincidencia. Resulta que entre las notas consonantes existe una
proporción numérica: entre un DO y el siguiente DO la proporción es de 2:1, esto es, si
la frecuencia del primer DO es 260 hercios (es decir, 260 ciclos o vibraciones por segundo), el siguiente DO más agudo tiene una frecuencia de 520 hercios. Entre el DO y el SOL la relación es de 3:2. Y así sucesivamente. Las notas que tienen entre ellas
una proporción numérica simple, van a tener una mayor coincidencia en la forma de su
vibración, y eso las hace consonantes.
Cada compositor elige cómo quiere usar la armonía en su obra. El uso de acordes consonantes o disonantes, y las distintas formas de combinarlos, se ha modificado a lo largo de la historia de la música. Algunos compositores modernos exploran armonías más disonantes. Escucha al compositor ruso Sergei Prokofiev quien en el año 1914, compuso la obra “Sarcasmos” para piano solo. Escucha la primera de las cinco piezas que componen esta serie: Sergei Prokofiev, Sarcasmos Op.17, No.1
En contraste, el compositor mexicano Manuel M. Ponce, se reconoce por sus suaves y
consonantes armonías. Escucha el famoso Intermezzo, compuesto para piano.
Manuel M Ponce, Intermezzo No.1
Junto con el ritmo y la melodía, la armonía es uno de los elementos fundamentales de la música.