Matorrales

Matorrales xerófilos y un horizonte por delante

Mariana Gutiérrez, caminante.


En México existen muchos lugares a los que por tener cactus, ser calurosos y secos, llamamos desiertos, sin saber que en realidad el desierto es el nombre que le damos en general a los lugares que son áridos y en donde hace mucho calor. Las zonas donde las dunas de arena se extienden a lo largo del territorio, como en el desierto de Sonora o el en Chihuahua son distintas a aquellos lugares con más o menos plantas con adaptaciones que les permiten sobrevivir con poca cantidad de agua, altas temperaturas y mucho sol. Estos lugares son los distintos tipos de matorrales.

Médanos de Samalayuca. Desierto en Chihuahua.   

Foto obtenida de México desconocido.

Matorral xerófilo. Reserva de la Biosfera "Barranca de Metztitlán".

Foto de Ana Paola Martínez-Falcón obtenida de ResearchGate.

Son principalmente los matorrales xerófilos a los que a veces llamamos desierto por la falta de lluvias, los largos periodos de sequías, que hace que se vea muy seco. Sin embargo, estos matorrales con la poca agua que cae al año, reverdecen y es posible ver que en realidad hay muchas más plantas de las que imaginamos. 

Entre las plantas que hay un matorral xerófilo están las cactáceas, agaves, árboles pequeños de tallos gruesos y muchos arbustos. Cactáceas como las nopaleras y sahuaros, estos cactus altos que parecen gigantes verdes cuidando el paisaje. Los agaves, que son estas plantas con hojas gruesas y carnosas que parecen salir del suelo con espinas en los bordes y en la punta, de la cual se obtienen muchas bebidas representativas de nuestro país. Y pequeños árboles o arbustos que no son más altos de 4 metros, como el mezquite del que obtenemos una miel blanca deliciosa, el ocotillo de una flor roja muy bonita que alimenta al colibrí, y otros como la gobernadora y la lechuguilla. 

Cardón (Pachycereus pringlei)

Fotografía obtenida de Wikipedia

Altura de un sahuaro (Carnegiea gigantea

Fotografía por Alan, obtenida de iNaturalist

Maguey pulquero (agave) (Agave salmiana)

Fotografía obtenida de iNaturalist

Gobernadora (Larrea tridentata)

Fotografía de Juan Carlos García obtenida de ResearchGate

Flor del ocotillo (Fouquieria splendens)

Fotografía obtenida de Clascape

Ocotillo 

Fotografía de Sue Carnahan obtenida de iNaturalist

Estas plantas protegen al suelo de la erosión ocasionada por el viento y la lluvia, dan un poco de sombra, lo que genera que se retenga un poco de humedad y algunos espacios se vuelven un poco más frescos y habitables para los animales. Brindan protección a los animales contra depredadores, les dan refugio ante temperaturas extremas e incluso son el lugar donde hacen sus nidos o madrigueras. Además las hojas, las flores y semillas son el alimento de muchos animales, lo que permite que la cadena alimenticia siga funcionando. 

Posiblemente los murciélagos son los que más disfrutan de las hermosas flores de los grandes cactus que existen en estos lugares, más hay muchos otros animales que habitan los matorrales. Desde perritos llaneros, armadillos, mapaches, zorras, algunos tipos de palomas y pájaros carpinteros, correcaminos, lechuzas, culebras, lagartijas de las dunas y serpientes de cascabel. Aves rapaces como el aguililla cola roja, el halcón mexicano, el caracara quebrantahuesos y el águila real. Hasta mamíferos más grandes como berrendos, tigrillos, coyotes y pumas, que, si tenemos suerte, nos dejaran verlos a lo lejos en la orilla de alguna montaña.

Polluelo de gavilán cola roja (Buteo jamaicensis) en su nido en un sahuaro. 

Fotografía por RADASC obtenida de Instagram

Ejemplos de lugares representativos con este tipo de vegetación son la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda Querétaro, Reserva de la Biosfera Sierra la Laguna Baja California Sur, Reserva de la Biósfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar Sonora, entre otros. Todos estos lugares se pueden visitar para apreciar su belleza y conocer de cerquita a alguna de las especies mencionadas. Respetar las políticas de conservación mientras realizamos actividades turísticas, deportivas o de simple apreciación, se logra cuando reconocemos la importancia y el efecto de nuestros actos a corto y largo plazo.


Cuando estamos en espacios como estos, con vegetación tan baja podemos observar a grandes distancias el horizonte. Tenemos el privilegio de ver más allá de nuestras narices, más allá de lo que tenemos cerquita. Con mucho espacio de frente que nos deja ver claramente hacia dónde vamos, como cuando podemos seguir a nuestra intuición porque hay espacio en nuestra mente para poder conectar con ella.
En estos paisajes se vuelven muy claros los cambios por los que pasan las plantas, los animales, incluso las estaciones y la temperatura. Hay temporadas muy calientes y también unas muy frías, se puede distinguir el cambio en la posición del sol conforme pasa el año, entre muchos otros. Y quizá por tener todo tan despejado, es que recordamos la confianza que nos da estar en contacto con la naturaleza y recordar que nuestro cuerpo es parte de ella. Que también nosotros pasamos por distintas temporadas y que estamos conectados con todo lo que nos rodea.



Ilustración de portada: Elsa Sánchez

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