El babisuri

La territorialidad que cuida el entorno: el babisuri

Mariana Gutierrez, aprendiz de los límites.

El babisuri, o cacomixtle norteño, es uno de los habitantes nocturnos más sigilosos de las zonas áridas del norte del país, y también habita la Isla Espíritu Santo. Es un animal delgado, ágil y con una cola larguísima que a veces supera el largo de su cuerpo. Una cola anillada que usa principalmente para dar equilibrio al trepar árboles y paredes rocosas, otras veces, como camuflaje. 

Babisuri (Bassariscus astutus)

Fotografía por Lee Hoy obtenida de iNaturalist

Son muy solitarios y territoriales. Las interacciones entre machos y hembras se dan en la temporada de apareamiento en la primavera y la crianza de sus crías. El macho se encarga de proveer alimento durante la gestación y al inicio de la crianza, y la madre se encarga del cuidado y de la enseñanza de habilidades como trepar y cazar hasta que alcanzan la madurez al final del segundo año de vida donde las crías y madre se separan.   

El área de sus territorios puede ser de entre 50 a 120 hectáreas, por lo que requieren una gran memoria espacial para moverse en él. Lo delimitan con marcas de olor, que es una de sus formas de comunicación junto con las vocalizaciones. Sus marcas de olor sirven como mapa para ellos mismos y como comunicación química que sirve para evitar conflictos, ya que no son animales agresivos por naturaleza.

Cacomixtle Norteño

La palabra "cacomixtle" proviene del náhuatl tlacomiztli, tlaco=medio miztli=gato o felino,  "medio felino" por el parecido que se le puede encontrar con los gatos aunque no están emparentados.

Fotografía s.a. obtenida de NaturalezaSalvaje

Son familiares de los mapaches y comparten esa gran curiosidad y agilidad para explorar cualquier rincón. La curiosidad como elemento importante para sobrevivir, ya que al investigar cada hueco, revisar frutas, oler cortezas, levantar piedras entre otros comportamientos de la curiosidad exploratoria, le es posible encontrar alimento en lugares tan diversos y exigentes como los desiertos, matorrales y cañones rocosos del noroeste de México. Se alimenta de insectos, roedores y frutas, lo que ayuda a controlar posibles plagas y dispersando semillas que eventualmente germinarán para renovar el hábitat.

Babisuri (Bassariscus astutus)
Fotografía por Ernesto Navarrete obtenida de La Huella del Jaguar.

Reconocer el propio espacio, y que otros lo reconozcan, es cuestión de supervivencia, e igual de importante, reconocer nuestro aporte al entorno que habitamos, nuestro rol en el ecosistema. Hablamos de conexiones que se cuidan a través de la puesta de límites, esos límites que existen más allá del contacto, flexibles, que dejan pasar a otros cuando es necesario o que impiden el paso de aquello que no hace en bien en determinados momentos. Los gestos silenciosos que mantienen la convivencia en orden son importantes para mantener el equilibrio de los ecosistemas. 

Me gusta pensar que el babisuri nos recuerda una lección que se aprende viviendo aquí: que no hace falta estar siempre acompañado para formar parte de algo mayor. Que incluso desde la distancia, podemos contribuir, cuidar, y dejar huellas que otros reconozcan. Y que, en estas tierras extensas, la pertenencia no siempre hace ruido, a veces solo se camina, suave y de noche, igual que lo hace este pequeño guardián del desierto.

 

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