El ciruelo cimarrón

Generosidad del desierto sudcaliforniano: el ciruelo cimarrón

Mariana Gutiérrez, foránea enamorada.


El ciruelo de monte es una planta endémica de Baja California Sur, lo que quiere decir que sólo se encuentra ahí, para ser exactos, de La Paz hacia el sur de la península. Es un árbol de tallos gruesos de entre 5 a 10 metros de altura. Estos tallos y su tronco almacenan agua como estrategia para afrontar las sequías que pueden llegar a haber en la península. Sus hojas están cubiertas con finos pelitos llamados tricomas, que hacen que la planta pierda menos agua, regulan la temperatura al cubrirla de los rayos del sol y dificulta el paso de insectos, pero se caen durante la sequía para que el árbol no gaste recursos en mantenerlas.

Ciruelo cimarrón o ciruelo de monte (Cyrtocarpa edulis)

Se alcanzan a ver los tricomas en las hojas y el fruto inmaduro.

Fotografía s.a. obtenida de Sudcalifornios.

Árbol con frutos en proceso de maduración y sin hojas.

Fotografía s.a. de NaveganteCaliforniano

Árbol de ciruelo con hojas.

Fotografía por Enrique Flores García obtenida de iNaturalist.


Sus flores verde blancuzco crecen solo en la punta de las ramas y aparecen en abril-mayo. Luego de polinizadas generan un fruto carnoso delicioso, color amarillo, listo a finales del verano, muy buscado por los habitantes de esta tierra. Se come en crudo, solo o en preparados tanto dulces como salados. Tiene una única semilla de 2 cm muy dura, conocida por los choyeros, habitantes de BCS, como chunique, y dentro de esta hay una pepita que a muchos les gusta comer también.

Flores del ciruelo

Fotografía por Glenn Ehrenberg obtenida de iNaturalist.

Fruto maduro

Fotografía por Nohel Alfredo Martínez Armendares obtenida de iNaturalist.

Además tiene usos medicinales. Se utilizan la corteza y la cáscara del fruto para desinfección bucal, dolor de muela, curar heridas de la piel y para problemas gastrointestinales. Y no solo sirven para resolver problemas de salud, sino que según la leyenda, también fueron el elemento clave para resolver un conflicto entre dos tribus que habitaban la región al gustarle tanto al rey Aripa. Desde entonces, compartieron sus tierras en armonía.  

Relacionado con la leyenda, existe un dicho popular que dice que “si comes ciruelas del Mogote, ¡ni modo! Ya te quedaste y pasarás el resto de tus días ahí”. El Mogote es una zona de dunas de arena frente a la ciudad de La Paz. Esto me hace pensar en mucho de lo que vengo escuchando y experimentando ahora que vivo en La Baja, que es un lugar donde tanto la naturaleza como las personas, están al servicio de otros aunque pareciera que todo es árido y difícil. Donde la generosidad está presente de muchas formas aunque en lo obvio parezca haber solo competencia. Donde, efectivamente, si te alimentas de alguna de sus ciruelas, de sus mangos, o de la pesca del día, es porque el lugar te ha aceptado y tú a él. Donde la territorialidad existe y al mismo tiempo hay mucho compartir. Como todo lo que entregamos al mundo mientras recibimos su abundancia en forma de frutos, amistades, experiencias y aprendizajes. 

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