Las mantarrayas

Las mantarrayas y el espacio que navegan

Mariana Gutiérrez, aprendiz del espacio-agua.

Las mantarrayas son peces cartilaginosos emparentados con los tiburones. Son uno de los animales que más atraen turismo a Baja California Sur por sus nados en grupos, bancos, muy numerosos y los saltos fuera del agua que realizan en abril-mayo y en el invierno. Se caracterizan por su cuerpo aplanado, sus aletas dorsales triangulares, las extensiones al lado de la boca para dirigir el alimento, y una espina caudal cubierta con piel que no usan como defensa a diferencia de sus primas lejanas, las rayas (aquí un video muy sencillo que explica sus diferencias). Tienen un cerebro grande, una inteligencia notable y una naturaleza normalmente pacífica y curiosa. 

Banco de mobulas de Munk (Mobula munkiana)
Fotografía por Pier Nirandara obtenida de Instagram.

Mantarraya gigante (Mobula birostris)
Se aprecian los apéndices de la boca.
Fotografía s.a. obtenida de Misanimales.

Esta imagen de La Biolo-Guía muestra las principales diferencias entre una raya y una mantarraya. Dejo este sencillo video que habla de otras diferencias.

En Baja California Sur habitan principalmente dos grandes grupos: las mantarrayas gigantes (Mobula birostris y M. alfredi, visitantes ocasionales) y las múltiples especies de mobulas pequeñas, como Mobula munkiana, especialmente abundante en el Golfo de California, famosas por sus agregaciones masivas. Estas “escuelas voladoras” pueden reunir cientos o miles de individuos y forman, como ya mencioné, uno de los espectáculos más impresionantes y buscados del mar de Cortés.

Banco de mobula de Munk
Fotografía por Antonio Romero obtenida de Diveintomexico.

Mantarraya gigante (Mobula birostris)
Fotografías s.a. obtenidas de Wikipedia y de MéxicoDesconocido.

Mantarraya de arrecife (Mobula alfredi)
Fotografía s.a. obtenida de Biogeodb.

Todas son filtradoras, es decir, se alimentan de zooplancton y pequeños organismos que capturan mediante estructuras de filtración especializadas. Y así como tienen esas estructuras especializadas para alimentarse, lo que les permiten impulsarse con un movimiento ondulante suave y energético a la vez, son sus aletas amplias con dentículos dérmicos, unas escamas pequeñitas que reducen la fricción con el agua, dándoles eficiencia hidrodinámica para moverse como si volaran. 

También gracias a dos sistemas sensoriales, la línea lateral del cuerpo, y las ampollas de Lorenzini, las mantarrayas perciben variaciones en la corriente, temperatura y presión del mar. La línea sirve para detectar cambios en la corriente y direcciones, y las ampollas, unos poros gelatinosos, detectan cambios de temperatura, salinidad y campos eléctricos. Así, estos animales tienen una sensibilidad muy especial que les permite navegar aún en la oscuridad.

Todas las mantarrayas se encuentran bajo protección internacional, por ello es que otra de sus características más lindas e importantes se estudia mucho en La Paz, Cabo Pulmo y Espíritu Santo. Cada individuo lleva un patrón único de manchas en el vientre. Estas marcas funcionan como una huella digital natural, ninguna mantarraya tiene las mismas manchas que otra. Por lo que son clave para monitorear migraciones, edad, residencia y salud.

Salto fuera del agua de la mobula munkiana.
Fotografía s.a. obtenida de Diveninja.

Estas manchas que recuerdan a los cielos con nubes que viajan bajo la superficie. El Mar de Cortés, llamado por Cousteau “el acuario del mundo”, tiene animales que parecen galaxias vivas desplazándose con las corrientes. Quizá por eso buscan salir a la superficie al amanecer o al atardecer, cuando siguen viéndose algunas estrellas en el cielo. O eso me gusta pensar.
La realidad es que no se sabe realmente cuál es la función de esos saltos. Hay quienes sugieren que sirven para como parte del cortejo, otros que son una forma de lenguaje social de coordinación, y otros, que son para quitarse parásitos con el golpe del agua en sus cuerpos. Posiblemente también sea una forma de juego, ya lo sabremos más adelante.

Que ir a verlas sea para recordarnos una vez más lo hermosa que es la naturaleza y lo conectados que estamos con todo. Una invitación a ir a ver los cielos estrellados al desierto y viceversa. Que sus manchas nos recuerden que cada ser lleva un mapa propio y sus migraciones, que la pertenencia puede ser amplia y sin fronteras. 

 

 

Ilustración de portada: Elsa Sánchez

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